"A mí me examinaron como 48 o 50 médicos... unos señalaron
esquizofrenia, otros una psicopatía, otros diferentes tipos de
epilepsias, otros debilidad mental a nivel profundo. Otros, paranoia.
Sí, cómo no"
Goyo Cárdenas.
Fuera del Palacio de Lecumberri, del infame "Palacio Negro" donde estaban recluídos los peores criminales del país, montones de gente de bajos recursos acudía a veces a diario, desde antes que empezara a clarear el día, para buscar un abogado que solucionara sus problemas. El rostro se les iluminaba cuando tenían la fortuna de encontrarse a un señor de 80 años, con fama de héroe y salvador popular, que ayudaba a la gente de escasos recursos, representándolos, pidiendo muy poco a cambio. Vítores se escuchaban cuando veían la figura encorvada pasar cerca de ellos, él solo respondía arqueando las cejas y mostrando su amarillenta dentadura en una amplia sonrisa. El nombre de este héroe: Gregorio "Goyo" Cárdenas, mejor conocido por el sobrenombre de "El estrangulador de Tacuba".
A los 26 años, Goyo estudiaba ciencias químicas, era becado por Pemex, y era un alumno tímido, serio, esquivo, pero reconocido como inteligente por los pocos que se molestaban en conocerlo. Por esa edad decide rentar un pequeño departamento en Mar del Norte en el conocido barrio de Tacuba, para vivir de forma independiente.

A bordo de su Ford, la noche de 15 de agosto de 1942, recogió en la calle a una prostituta de dieciséis años llamada María de los Ángeles González, alias "Bertha", a quien llevó a su casa. Alrededor de las 11 de la noche, y después de haber tenido relaciones sexuales, Bertha se lavaba en el baño del pequeño departamento de Goyo, instante que él aprovechó para tomar un cordón, y estrangularla hasta matarla. Cubrió su cabeza con un trapo y la enterró en el patio.
8 días después sale en busca de otra prostituta, de nombre Raquel Rodríguez León, de 14 años. Ella quedó profundamente impresionada por la biblioteca personal de Goyo, y estaba en eso, admirándola, cuando él la atacó, la estranguló, envolvió su cabeza en un trapo, y la enterró en el patio.
Apenas 6 días después, Goyo de nuevo sintió la necesidad, y de nuevo tomó el camino más recurrido por muchos asesinos seriales a lo largo del mundo: las prostitutas. La chica en cuestión se llamaba Rosa Reyes Quiroz, también menor de edad. Cuando llegaron a su casa, Rosa sintió desconfianza al verla desorganizada, cubierta de polvo, con ropa sucia por todos lados, y estaba ella lista para partir, curioseando el equipo de laboratorio que encontró en una mesa, cuando Goyo la atacó. Ella estaba alerta así que pudo defenderse, la lucha fue dura, pero fue Goyo quien terminó triunfando, de nuevo estrangulándola con un cordón. Cubrió su cabeza con un trapo y cuando iba a enterrarla en el mismo patio, al ver que era poco el espacio, la ató de pies y manos para que ocupara menos lugar.
Su último caso fue el que terminó por condenarlo. En la facultad, había una chica que comunmente consultaba a Goyo sobre dudas de sus clases y a quien recurría de vez en cuando para cosas de estudio. Aparentemente, él estaba enamorado en secreto de ella. Graciela Arias Ávalos, hija de un renombrado abogado de aquel entonces. Aunque hay un par de versiones sobre cómo la mató, una de ellas es que él pasó por ella a Bachilleres para llevarla a su casa en su carro, y que ahí, fuera de la casa de Graciela, él le confesó su amor, amor que fue rechazado. Goyo entonces intenta besarla a la fuerza, pero ella opone resistencia y él, enloquecido, arranca la manija de su puerta y golpea a Graciela una y otra vez en la cabeza, hasta que la mata. Conduce hasta su casa, baja el cuerpo sin vida y lo pone en el catre donde dormía, en la madrugada lo envuelve en una sábana, y lo entierra en el mismo jardín.
Después de su último crimen, Goyo acude desesperado a casa de su madre, cubierto de lodo, balbuceando un montón de ideas inconexas sobre que al fin había perdido la razón por completo. Su mamá llama a un doctor y convienen en recluírlo en un hospital psiquiátrico, donde a los investigadores les tomó un tiempo conectar los asesinatos con él, sobre todo gracias a la insistencia del papá de Graciela quien insistía que Goyo era el último que había estado con Graciela, y que varias personas la habían visto subirse a su carro. Tiempo después, todos los crímenes son conectados a Goyo gracias a un diario que detallaba sus fechorías de su puño y letra encontrado en su departamento, y a una confesión hecha por él mismo en la que, incluso, hace una corrección a la policía, que solo le adjudicaba 3 asesinatos... "No son 3, son 4".
"El 2 de septiembre se consumó la muerte de Gracielita. Yo tengo la culpa de ello, yo la maté, he tenido que echarme la responsabilidad que me corresponde, así como las de otras personas desconocidas para mí".
Del Diario personal de Goyo Cárdenas.
Al cumplir su condena en la cárcel, Goyo estudia leyes, y se gradúa, dedicándose por el resto de su vida a las causas de gente pobre y sin recursos, y a sacar a personas inocentes que purgaban condenas injustamente en la cárcel. Años después, es invitado a un homenaje en el pleno, donde da un discurso, y los legisladores lo ovacionan de pie. "Es un ejemplo", decían, sobre cómo el sistema penitenciario sí cumplía su labor de reformar a los criminales. Goyo se volvió un hombre bastante exitoso, vendió unas pinturas que hizo, tenía su radionovela, y en general, vivía más como una celebridad, un "ídolo" popular, que como un criminal, como un asesino.
Como siempre, somos unos pioneros, unos superdotados: nunca nadie en ninguna parte le ha hecho homenajes ni ha ovacionado a un asesino serial. Será que estábamos celebrando que él también fue el pionero en su categoría... fue el primer asesino serial en la historia de nuestro país.
Viva México.
Algunos mitos referentes al caso Gregorio Cárdenas:
- Que su segunda víctima, Rosa, fue encontrada viva años después en Oaxaca según lo dio a conocer su hermana (de Rosa, no de Goyo), lo que sembró dudas sobre la identidad del cuerpo encontrado en el jardín.
- Que cuando Goyo murió en la ciudad de los Ángeles, sus papás comenzaron una encarnizada batalla que incluso llegó a ámbitos legales... por quedarse con su cerebro. Cuenta la versión que la mamá quería vender el cerebro por una cuantiosa suma a un instituto que quería hacerle estudios, y que el papá lo quería para enterrarlo lejos de él, de todos, en un afán por olvidarlo.
- Que Goyo mató a las chicas porque estaba realizando experimentos bioquímicos, para buscar la inmortalidad.
- Que el hijo de un conocido político de la época era su cómplice y ayudante, y que salió librado de la investigación por "influencias", quedando asentadas solo sus iniciales en el expediente final.